La mezquita de Süleymaniye corona la tercera colina de Estambul y es, para casi todos los que la conocen, el mejor edificio otomano de la ciudad. La construyó Sinan entre 1550 y 1557 para Solimán el Magnífico, en el momento de mayor poder del imperio, y no lo esconde: es enorme, luminosa y, a la vez, tan tranquila que se oye el eco de los pasos.
Tiene menos visitantes que la Mezquita Azul porque queda un poco apartada de Sultanahmet, y esa es precisamente su ventaja. Aquí se entiende qué quería decir Sinan cuando hablaba de la obra de su madurez. Es gratuita y una de mis visitas favoritas de Estambul.
Un poco de historia
Solimán, el sultán que llevó a los otomanos a las puertas de Viena, encargó a su arquitecto jefe un complejo completo, una külliye: mezquita, cuatro madrazas, hospital, escuela de medicina, hospedería, cocina para pobres, baño y tiendas. Todo eso sigue en pie alrededor de la mezquita, hoy con otros usos, como la biblioteca y los restaurantes.
Sinan, que trabajó para tres sultanes y firmó cientos de edificios, se hizo enterrar en una tumba pequeña en una esquina exterior del recinto. Solimán y su mujer Hürrem Sultan, Roxelana, descansan en el jardín, detrás del muro de la quibla. La mezquita sobrevivió a terremotos e incendios y se restauró a fondo entre 2007 y 2010.
Qué ver en la mezquita de Süleymaniye
El interior y la cúpula
La cúpula se eleva a más de 50 metros, con semicúpulas a los lados que abren el espacio sin columnas que estorben. Las ventanas de la base de la cúpula bañan de luz la sala. La decoración es contenida: algo de azulejo de Iznik alrededor del mihrab, caligrafía de Ahmed Karahisari y mucho mármol y piedra a la vista. Es lo contrario de la Mezquita Azul, y por eso conviene ver las dos.
Los detalles de Sinan
La acústica se estudió con vasijas huecas empotradas en la cúpula. El hollín de las lámparas de aceite se recogía en una sala sobre la entrada y con él se hacía la tinta de los calígrafos. Y de las lámparas colgaban huevos de avestruz para ahuyentar a las arañas. Son detalles que gustan a todos los grupos.
Las tumbas de Solimán y Hürrem
En el jardín trasero, dos tumbas octogonales con azulejos de Iznik en el interior. La de Solimán guarda también a otros sultanes; la de Hürrem, más pequeña, está decorada con algunos de los mejores paneles cerámicos de la ciudad. Se visitan gratis y con respeto: es lugar de oración.
La terraza sobre el Cuerno de Oro
Desde el patio exterior del lado norte se abre la vista del Cuerno de Oro, el puente de Gálata, la Torre Gálata y, al fondo, el Bósforo. Es uno de los miradores gratuitos que más recomiendo, sobre todo a última hora de la tarde.
Consejos para la visita
Calcula 45 minutos. Como en todas las mezquitas, se entra descalzo y con hombros y rodillas cubiertos; las mujeres con la cabeza cubierta. Cierra a los turistas durante los rezos, media hora aproximadamente, y más tiempo el viernes al mediodía.
- Ve a media mañana o a media tarde y combínala con el Mercado de las Especias, que está cuesta abajo.
- Come en el barrio: los restaurantes de alubias guisadas (kuru fasulye) de la calle de enfrente llevan décadas alimentando a estudiantes y turistas.
- La subida desde Eminönü es empinada; con niños pequeños o poca forma, mejor llegar en taxi o en tranvía hasta Beyazıt y bajar.
Entradas y precio
La entrada es gratuita, también a las tumbas. En nuestros tours no hay nada que gestionar: el guía organiza la visita para que caiga fuera de los horarios de rezo.
Cómo llegar y dónde está
Está sobre la colina de la Universidad de Estambul, entre el Gran Bazar y el Cuerno de Oro. Desde la parada de tranvía de Beyazıt son diez minutos a pie por el mercado de los libreros; desde Eminönü, quince minutos de cuesta.
Cómo lo visitamos en nuestros tours
Es una de las paradas fijas del tour Joyas de Estambul, que recorre lo que se queda fuera del circuito clásico, y aparece en el segundo día de casi todos nuestros programas de varios días. Si te interesa el contexto, en la historia de Estambul explico el siglo de Solimán; y en las mejores mezquitas de Estambul tienes con qué compararla.
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