El Hipódromo de Constantinopla es hoy la plaza Sultanahmet, el jardín alargado entre Santa Sofía y la Mezquita Azul. Durante mil años fue el corazón de la ciudad: un estadio de cuadrigas para decenas de miles de espectadores donde el emperador se mostraba al pueblo y el pueblo, a veces, se levantaba contra el emperador.
Es gratis, está abierto siempre y casi todo el mundo lo cruza sin mirar. Yo empiezo aquí todos mis recorridos por Estambul, porque en media hora se cuentan Roma, Bizancio y el Imperio otomano con tres monumentos.
Un poco de historia
Lo empezó Septimio Severo hacia el año 200 y lo amplió Constantino cuando hizo de la ciudad su capital, en el 330. Medía unos 450 metros de largo y tenía forma de U, con la curva, la sphendone, hacia el mar de Mármara. En la espina central se alineaban los monumentos traídos de todo el imperio.
Las facciones de los Azules y los Verdes eran mucho más que aficiones deportivas: partidos, gremios y bandas a la vez. En el año 532 se unieron en la revuelta de Niká contra Justiniano, incendiaron media ciudad y estuvieron a punto de derrocarlo; la represión terminó con miles de muertos dentro del propio Hipódromo. De las ruinas de esa revuelta salió la Santa Sofía que vemos hoy. Los otomanos lo usaron como plaza de fiestas y, poco a poco, sus gradas de mármol acabaron en otros edificios.
Qué ver en el Hipódromo
El obelisco de Teodosio
Un obelisco egipcio de granito rosa de Asuán, tallado para Tutmosis III hacia el 1450 a.C. en Karnak. Teodosio I lo trajo en el año 390 y lo colocó sobre una base de mármol con relieves que muestran al emperador en el palco presidiendo las carreras, y hasta el mecanismo con el que se izó. Es el objeto más antiguo de Estambul y está intacto.
La columna Serpentina
Tres serpientes de bronce enroscadas que sostenían un trípode de oro en el santuario de Delfos, fundidas con las armas de los persas derrotados en Platea en el 479 a.C. Constantino la trajo de Grecia. Perdió las cabezas hace siglos; una de ellas se conserva en el Museo Arqueológico de Estambul.
El obelisco de Constantino
El obelisco amurallado, de piedra, en el extremo sur. Estuvo forrado de placas de bronce dorado que los cruzados arrancaron en 1204 para fundirlas. Los jenízaros lo usaban para demostrar su agilidad trepando por él.
La fuente alemana
En el extremo norte, un pabellón de cúpula con mosaicos dorados, regalo del káiser Guillermo II al sultán Abdülhamid II tras su visita de 1898. Se fabricó en Alemania y se montó aquí pieza a pieza.
Lo que hay bajo tierra
Bajo el jardín del lado sur sobreviven las bóvedas de la sphendone, que hoy se ven desde la calle de abajo, junto al Museo de Mosaicos del Gran Palacio, que está a dos minutos y merece la visita.
Consejos para la visita
Media hora es suficiente. Es un paseo llano y sombreado, apto para todos, con bancos y fuentes.
- A primera hora de la mañana está casi vacío y la luz sobre la Mezquita Azul es la mejor del día.
- De noche los monumentos están iluminados y la plaza es segura; en abril, los tulipanes cubren los parterres.
- Cuidado con los vendedores de entradas y los limpiabotas insistentes: una sonrisa y seguir andando.
Entradas y precio
Es una plaza abierta y gratuita. En nuestros tours es la primera explicación del día, con los tres monumentos y el plano de la ciudad antigua.
Cómo llegar y dónde está
La parada de tranvía de Sultanahmet deja en la esquina norte de la plaza. Desde la Cisterna Basílica y Santa Sofía se llega en dos minutos; el Palacio Topkapi queda a cinco.
Cómo lo visitamos en nuestros tours
Es el punto de encuentro del tour clásico por Estambul y de todos los programas que empiezan en Sultanahmet, como Estambul Imprescindible. Quince minutos aquí, con el plano en la mano, ahorran muchas explicaciones después.
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